""
expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

traducir

3.18.2013

¿SE RELACIONAN LA CONTAMINACION Y EL ASMA?


—Jake Locklear, San Diego, CA



La vida cerca de una carretera ciertamente exacerba el asma, especialmente en los niños. A saber, un estudio reciente de la Universidad de California del Sur (USC)—el más completo a la fecha sobre este tema—encontró que por lo menos un ocho por ciento de los más de 300.000 casos de asma infantil en el Condado de Los Angeles puede ser atribuido a la contaminación relacionada con el tránsito en casas dentro de un perímetro de 50 metros de una carretera concurrida. Las conclusiones, publicadas en la edición de septiembre 2012 en línea del diario científico Environmental Health Perspectives, indica que las investigaciones anteriores subestimaron los efectos del tráfico de autovías en el asma.

“Nuestras conclusiones sugieren que hay consecuencias grandes y previamente ignoradas de salud a raíz de la contaminación atmosférica en Los Angeles y probablemente otras áreas metropolitanas con muchos niños viviendo cerca de corredores mayores de tráfico,” dice Rob McConnell, uno de los investigadores principales en el estudio y profesor de medicina preventiva en la Escuela de Medicina Keck de la USC.
“Estos resultados confirman nuestra conclusión que la contaminación atmosférica no sólo empeora la vida de personas con asma pero puede realmente hacer que el asma se desarrolle en niños sanos,” reporta Diane Bailey con el Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC), una organización ambiental prominente sin fines lucrativos. “Es aún más aleccionador cuando se considera que 45 millones de norteamericanos viven dentro de 100 metros de una carretera y muchos de ellos son niños”.

Los investigadores de USC notan que nuevas leyes en California diseñadas para reducir emisiones de carbón—mejorando la eficiencia de combustible y reduciendo millas vehículares al privilegiar las opciones crecientes de tránsito público—también ayudarán a reducir los gatillos del asma. Algunas de las políticas siendo desarrolladas para reducir la congestión de tráfico y el uso de coches incluye estímulos para los urbanizadores para que sitúen sus proyectos más cerca de las paradas de tránsito, favoreciendo así el uso del tránsito público.

“Planes para reducir emisiones de gases invernadero y combatir el cambio de clima abren oportunidades para desarrollar estrategias “en que todos ganan” y que llevarán al máximo los beneficios de salud derivados de la reducción de gases invernaderos y contaminantes atmosféricos que dañan directamente a los niños,” agrega McConnell.
“Hay también evidencia creciente que otras enfermedades pueden ser causadas o exacerbadas por la contaminación atmosférica urbana, inclusive la arterioesclerosis, el cáncer de pulmón, la enfermedad de obstrucción pulmonar crónica (COPD) y desórdenes neurológicos,” dice McConnell. “Así, las políticas que combaten el cambio de clima pueden también tener beneficios de salud a corto plazo, más allá de reducir el peso social de enfermedad debida al asma”.

Según Bailey de la NRDC, reservar espacios próximos a autopistas y otras autovías ocupadas para uso comercial en vez de residencial es una manera de mantener a la gente a una distancia más prudente de la contaminación que provoca asma. Los que ya viven cerca de autovías concurridas pueden ayudar a mitigar los efectos de tal contaminación plantando árboles—el follaje de todo tipo es un buen absorbente de contaminantes—y filtrando su aire interior para minimizar la exposición en general. Pero dado que la contaminación de tráfico aumenta el asma en un ocho por ciento, dice Bailey, “es mejor que reduzcamos esa contaminación y minimicemos toda exposición a ella”.